badly drawn boy- year of the rat. Tienen que ver este video.
El mundo necesita un abrazo
Escrito en Periodismo
Tirar la comida
Tiré mucha comida. Me deshice de choclos, verduras y frutas. De pan. De pasteles, de pedazos de torta, de comida chatarra, de la carne de anteayer, de papas cocidas. De arroz. De mucho arroz y algo de pescado. Y ahora me da vergüenza cuando me entero que 1020 millones de personas mundo se despiertan con hambre, pasan hambre todo el día y se duermen con hambre, según el informe “El estado de la seguridad alimentaria en el mundo 2009″ publicado ayer por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). 1020 millones de personas es algo así como como 36 veces la población de todo el Perú. Hay más cifras de escándalo. Cada año Estados Unidos bota 45 millones de toneladas de alimentos y el Reino Unido 4 millones de toneladas.
Tú no sabes, me dijo un taxista por el circuito de playas, que el hambre te hace doler la barriga, no tienes idea. Es cierto, le dije no tengo idea. Una vez fui donde una tía, -me contó- tenía hambre, y esta tía no me dio ni un vaso de agua. Llegó la hora del almuerzo y no decía nada, pasó un rato y entendí, pues, que me tenía que ir. Y te duele, insistió. Te duele la barriga, pero más me dolió que no me invite nada.
Escrito en Derechos Humanos
buscando votos
Yehude Simon hace una pausa. Piensa un poco. Repite la pregunta. Y responde: “¡Paz! Puno tiene que dar Paz”. La pregunta fue ¿qué debemos de darle los puneños a Yehude Simon? en una entrevista publicada en el diario Los Andes de Puno (http://www.losandes.com.pe/Politica/20091012/28345.html). Pregunta un poco tramposa, por cierto, en entrevista bastante franelera, además. Pero la respuesta es más tramposa aún. Yehude no quiere que los puneños le den paz. Quiere votos. Así se simple. No fue a Puno a promover la paz, fue a buscar alianzas y adeptos para el Movimiento Humanista que promueve con poco éxito, como lo revelan las encuestas y las putiencuestas que acomodan datos al gusto del cliente.
Volvamos al tema. Pasar raspando con decimales el 2% muestra que el paso de Yehude Simon por la PCM, como el Premier-bombero que utilizó García luego que se viniera abajo el Gabinete presidido por Del Castillo, no le rindió los frutos esperados: tener presencia nacional, ser reconocido como alguien que puede estar en las ligas mayores de la política peruana y, desde luego, aparecer en las encuestas con un porcentaje medianamente decente. Ocurrió todo lo contrario. Para muchos Yehude “está quemado”, el Baguazo lo mostró como un político con escasa reacción, se hizo de una imagen de defensor lo indefendible y por poco se ubica en los sondeos en el montón de “otros” junto a una media docena de virtuales candidatos casi inexistentes para la opinión pública.
Por ello debe llamar la atención los viajes que Yehude viene haciendo por las regiones buscando revertir la pésima imagen que ha dejado tras su paso por la PCM. No es casualidad su presencia en Puno a pocas semanas de la presencia de Marco Arana. Los votos del sur son los votos que la propuesta de Ollanta Humala captó en las elecciones pasadas y que ahora están en búsqueda del abanderado del discurso radical de turno. ¿Será Yehude?, ¿será Arana?, ¿repetirá el plato Humala?, ¿será Donayre?, ¿emergerá un “rostro nuevo”?. Me arriesgo a apostar a que sucederá esto último: el candidato del sur, de la sierra, de los excluidos todavía no se da a conocer.
Dije al inicio que la entrevista fue un poco franelera, pues claro, como le vas a decir a tu entrevistado “usted es un ganador” o “hizo un trabajo excelente en la región Lambayeque”, hay más “estamos seguros que los puneños le agradecen su visita y su deferencia de iniciar su campaña política aquí”. ¿Está seguro el entrevistador que los puneños le agradece su visita? ¿Y las preguntas punzantes? ¿Las preguntas difíciles? ¿Las preguntas incómodas? Prefiero el periodismo puro y duro, el periodista que incomode y no que no sea adulón.
En suma, me gustan los periodistas que joden con fineza y audacia, con buenos argumentos. “Usted es un ganador”, no pues, eso le dices a Sofía Mulánovich, a nuestra selección nacional de Karate o a tantos -y tantas- que hacen tanto con tan poco. Pero ¿Yehude es un ganador? ¿El periodista forma parte del Movimiento Humanista? ¿Eso es hacer periodismo?
Perdón por el arrebato, pero hay cosas que no se pueden dejar pasar.
Escrito en Política
“Thanks very much Chile”
Tremenda metida de pata del vocalista de Depeche Mode.
Escrito en Periodismo
Nadie
- ¿Quién era?
- Nadie.
- Entonces, ¿con quién hablabas?
- Con nadie, ya te dije.
- ¿A nadie le dices gracias?
- Era una amiga.
De nuevo lo mismo pensé, conteniendo mi bronca. Pero le di una sonrisa y le dije, bueno.
Esperé a que se durmiera. Cogí su celular, que siempre ponía en vibrador y a lado de su lámpara en un velador de madera lleno de cofrecitos, recibos y un par de libros. Salí del cuarto, con el celular en mano y me fui a la terraza. Revisé el registro de llamadas. Vamos a ver quién es ese nadie, pensaba. Encontré un número que coincidía exactamente con la hora en que la vi conversando con nadie. Lo memoricé y me dormí. Esperé que se fuera al trabajo y decidí llamar a nadie. Descubriría a esta maldita.
Marqué el número y una voz de mujer respondió, “gracias por llamar a Comercial Ambrosio, en este momento no podemos atenderlo….” Corrí al internet y Google me mostró, en 0.23 segundos, 177 mil resultados de Comercial Ambrosio. Y me sentí avergonzado. Tres meses después recibí en mi cumpleaños un mini gimnasio, con un pequeño sticker pegado en uno de sus fierros. Llevaba el logo de una pequeña empresa que yo, sin deber, ya conocía. El maldito fui yo, por eso hasta ahora no he vuelto a preguntarle ¿con quién hablabas?
Escrito en Creación
Odiar a las mujeres
La escritora Fanny Rubio nos deja un interesante artículo ¿será que odian algunos hombres a las mujeres?
Escrito en Derechos Humanos, Política
Cuatro de noviembre
- Al año me iré a París para publicar, porque acá -en Puno- no entenderían lo que escribo.
Fueron las palabras de, como diría la sobrina de la dueña de la Tiendecita Gris, un “cholo alucinado”. La sobrina de la dueña de la Tiendecita Gris era pequeña y por eso sus bien merecidos sobrenombres: chata, chatarra, peque, enana, pitufa, envase económico, etc., etc. y tenía los pechos grandes a los que sin mesura sus amigos llamábamos Pili y Mili.
- Estoy escribiendo un ensayo sobre Oquendo de Amat, pero no encuentro toda la información que necesito.
Fueron las palabras de, como diría mi amigo Oscar, “un pata centrado pero intrascendente”.
Luego habló Marcela, a quien llamábamos Machi, Macha, o Michi y dijo algo así como que reflexionaba en torno a la obra de la escritora Aymara-Loretana “De los andes sus Apus”. Una novelita de 80 páginas, producto de una tesis mal asesorada en antropología y que se centraba en los poderes curativos y febriles de la combinación del masato y la chicha de jora.
Era 2 de noviembre y en una salita estaban los tres nuevos exponentes de la literatura puneña, yo y la promotora. En ese año, creo, que se celebraba el 334 aniversario de Puno y estábamos reunidos en la casa de la promotora que organizaba la “velada cultural”, que era como llamaban a esos espacios donde gente se encontraba para hablar, hablar y hablar sobre cualquier cosa. La promotora era una mujer enorme, tenía las piernas largas como postes, una sonrisa generosa y un talento escaso para pensar y escribir. Pero era la promotora, la dueña del circo, y por eso se le perdonaba todo.
El que dijo me iré a París… era un tipo pequeño, con los ojos hundidos, de veintitantos años y había publicado unos cuantos poemas en la revista de su facultad. Creo que estudiaba Turismo y, como muchos, pensaba que por haber escrito un par de cosas en cualquier mamotreto, era un escritor. Y firmaba luego de su nombre como escritor. Su mamá decía “mi hijo el escritor”. Sus amigos lo llamaban por su nombre, a secas, para darle una dosis de “ubicaina”. Y yo me reía de las dimensiones que puede llegar a tener la ridiculez ajena.
El que dijo que estaba escribiendo algo sobre Oquendo de Amat, nunca publicó nada, y en honor a la verdad, era un manojo de complejos y frustraciones y está demás decir, que era amigo del viajero a Paris y que hacían todo juntos. Algunos mal pensados creían que eran homosexuales, por lo que, como decía mi amiga la chata, ser indio y encima marica, era estar jodido de por vida.
-¿Y tú, que estás escribiendo?
La pregunta me cayó como un rayo y por la voz calmada de la promotora me debatía entre la ternura y la pena.
- Pues, nada en particular, cuando se me ocurre algo lo escribo.
- ¿Pero algo que te interese?
- Me interesa la poesía y tengo varios poemas escritos que no me atrevo a mostrárselos a nadie, porque, valgan verdades, escritor no soy y no tengo pretensiones de serlo.
Creo que les parecí aburrido. No dijeron nada y pasaron a otro tema, como quien cambia los zapatos por sandalias. Y siguieron hablando primero sobre la literatura puneña, luego sobre la problemática del ser andino y no querer serlo, y después sobre lo extraviada que estaba la poesía femenina de los andes, sobre la negación de la influencia de los poemas lonccos en la obra de José Carlos “el animal de la pluma” Fernández y sobre cualquier cosa. Sobre todo eso. Hablando de cualquier cosa hasta el punto que me arrepentí de estar ahí. Por eso no vengo a estos encuentros, me decía, mientras comía pasitas con maní y fumaba un cigarrillo.
Al día siguiente fui a recoger a mi enamorada a su casa para ir a la serenata por el día de Puno. Estábamos en problemas y no nos veíamos en casi dos semanas. Le había preguntado si era virgen y me dijo “mas o menos”. ¿Se puede ser más o menos virgen? le pregunté. “Ajá” me respondió y me dí cuenta que era un tema del que no quería conversar, un tema doloroso quizás. Le dije mil cosas. Que la confianza, que el cariño, que le doy mucho, que no me da nada, y le dije de todo, menos lo que le debía decir.
Y nos fuimos para la serenata luego de un hola en la puerta de su casa y un beso en la mejilla. Caminamos por la calle Lima, del Parque Pino a la Plaza de Armas, luego de la Plaza de Armas al Parque Pino y luego del Parque Pino a la Plaza de Armas. Y eso era lo más emocionante que podíamos hacer, buscando la novedad en lo monótono. Luego fuimos por la Calle Arequipa, por el pasaje Chivay, por la calle Tacna y subimos por Deustua, para finalmente caminar de la Plaza de Armas al Parque Pino….
Era casi media noche, la Plaza estaba llena y nos paramos en el atrio de la Catedral para ver los fuegos artificiales. Mi chica, más o menos virgen, vestía una casaca negra, jeans y zapatillas. Me paré atrás de ella para abrazarla por la cintura y ver los fuegos artificiales, mientras hordas de borrachos tomaban lo que podían. La multitud en la Plaza miraba atónita los cielos y todo tipo de gente meaba en los alrededores de la Catedral, sin ningún tipo de incontinencia. Pensé que George, el Obispo, estaría renegando por eso.
Le dije te amo y su rostro se iluminó. Me dijo que siempre estaríamos juntos mientras me miraba con sus ojitos cafés llenos de alegría y confusión. A las tres semanas nos separamos. Cuatro años después -fue viernes- nos encontramos por la calle Lima y fuimos a tomar un café, parecía que no había pasado el tiempo y, bromas van, bromas vienen, le pregunté si seguía siendo más o menos virgen. Sonrío y me dijo que no. Que ya “tuvo sus experiencias” y que, un pata con el que estuvo, fue el primero, “pero el primero con todo”. Por lo que me contó entendí que la desvirgó sin piedad y que luego la dejó sin reparo. Puso cara de pena o de rencor y me pregunto por cómo me iba. Le dije que bien. Nada más. luego hablamos de amigos en común, pedimos la cuenta, nos dimos un beso a mitad de la mejilla a mitad de los labios, y nos despedimos con pena.
Esa noche salí dispuesto a emborracharme un poco con mis amigos de toda la vida. Llamé a la “chatarra” y a Oscar y quedamos que en esa noche nos tomaríamos un trago. Luego de unas horas de tomar, recuerdo que estábamos sentados en una banca de la calle Lima. Vi pasar a Machi, con una chuspa cruzada, un chullo y una chalina con motivos andinos. Tenía puestas unas Hi Tec y un pantalón crema con varios bolsillos. Siempre se vestía así. Luego la chata me hizo un gesto y me dijo que acababa de pasar “mi amigo, el cholo alucinado”. No es mi amigo, le dije, y se rió un poco. Al otro nunca más lo volví a ver. Seguimos tomando.
Llegué caminando a mi casa, ya eran las cinco de la mañana. En medio de mi embriaguez saqué unas fotos de un álbum que escondía en un cajón de mi velador donde estaban las imágenes intactas de ella, la chica que hace tres años era más o menos virgen, la miré un rato y luego encontré, en el mismo cajón, algunos poemas que escribí hacía tiempo. Uno se llamaba “cuatro de noviembre” y otro “te perdí”.
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Lo peor de lo peor
Cuando Susy Diaz y compañía llegó al Congreso en la época Fujimorista, fue el goce casi a niveles orgásmicos de los diarios chicha y el triunfo de toda la maquinaria que se movía tras ellos, igual hubiera sido Susy Diaz, el “negro cachay”, “el tripa” o Laura Bozo. Fue el triunfo del escándalo y la desvergüenza. En aquel entonces se pensaba que nada peor nos podía suceder. Nos equivocamos.
Nadie podía sospechar que venía algo peor: tendríamos, por ejemplo, a Tula Benitez, blindada por el APRA y su tío magistrado, y tendríamos al mataperro, a la robaluz y a la lavapies, y a un largo etcétera de “legisladores” (entre comillas, claro está) dedicados –la gran mayoría de ellos- a generar primeras planas escandalosas para beneplácito de los diarios de 50 céntimos y de quienes aprovechan para “levantar” estos temas y así ocultar la corrupción a gran escala (léase petroaudios y todo lo que aún no sabemos de ese y otros casos).
Es que ya es tanto que uno se acostumbra al lodo y a ver con indiferencia estas arenas movedizas putrefactas llamada “política peruana”. Ya nada sorprende. Ha triunfado también la política del escándalo, del destape y de la negociación posterior para que los implicados se vayan a su casa o a la cárcel.
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Morir de frío
Cuando encontraron los cuerpos de Juanito y Marucha, congelados en una cumbre del altiplano boliviano, fue imposible separarlos. Estaban abrazados intentando darse mutuamente un poco de calor. Calor de hermanos que les fue esquivo. Entonces decidieron enterrarlos juntos. Y las mujeres de los mineros, que nunca lloran, lloraron. También abrazaron a sus hijos, sin que estos sepan qué es lo que estaba pasando. Ese es, detalles más, detalles menos, el penoso desenlace del cuento Tempestad en la cordillera, de Wálter Guevara (Cochabamba 1916).
La narración, que transita entre lo certero, lo crudo y lo desconcertante, es una muestra de lo que viven las poblaciones pobres de comunidades alto andinas no solo de nuestro país, sino de muchos con los que compartimos la cordillera. Los niños, en el caso del cuento, no tenían más de cinco años y fueron hijos de campesinos obligados a ser mineros, porque sembrar la tierra, simplemente, no les daba para vivir. Más real que ficción. Cosas parecidas, y más crueles aún, suceden en la realidad y año tras año, la cantidad de niños que mueren de frío, forma parte del paisaje natural que nos acompaña cada invierno.
En lo que va del año, según el MINSA, han muerto 433 personas por la ola de frío que se vive en muchas zonas del país. Departamentos del sur y sureste del Perú, como Arequipa, Puno, Huancavelica y Cusco, son los más afectados. En muchas de esas zonas, donde se superan los 3 mil 500 metros de altitud, las temperaturas descienden hasta 15 grados Celsius bajo cero, lo que ocasiona que los casos de infecciones respiratorias agudas (IRAS) se multipliquen por miles. No hay que ser un experto para afirmar que se incrementarán las víctimas, y que al año la historia se repetirá, porque somos un país que parece que no le gusta aprender de sus errores.
Al frío, hay que sumarle el problema de la desnutrición. Pobladores con hambre son pobladores con defensas bajas, con dificultad contrarrestar cualquier enfermedad, que provocan muertes que deberían desterrarse de una vez en el Perú. Si ocurre esto, ¿por qué el gobierno sigue con la cantaleta de que “el Perú avanza”?
Morirse de frío. ¿Desidia del Estado? ¿Ineptitud? ¿Indiferencia? o una mezcla de estos y otros factores. Recordemos que luego de darse a conocer el número de víctimas según el informe final de la CVR que estudió el conflicto armado interno que vivimos en el Perú, Jorge Bruce, destacado psicoanalista, mencionó que quizás, hay en el inconsciente del Perú oficial un deseo oculto de que las víctimas, que en su mayoría fueron pobres, y de una lengua diferente al castellano, mueran. Así de sencillo. Un deseo de desaparecer a “la mancha india”, que es, para muchos, producto de nuestras taras nacionales. Una idea que devela lo perverso que es el inconsciente y que parece reafirmarse cuando nos enteramos de muertes perfectamente evitables.
Cuando leí el cuento de Walter Guevara, me encontraba en una comunidad andina, por encima de los 3 mil 800 metros de altitud, que recientemente contaba con luz eléctrica. Era tarde y mi cuerpo estaba envuelto en un sleeping, este a su vez era cubierto por frazadas y mi cabeza protegida por un chullo lanoso. Estar tan abrigado me dio vergüenza y nunca más volví a decir que estoy muriendo de frío, de amor, o de pena; porque, para nosotros, acostumbrados a una frazada caliente, y a un café para calentarnos, casi siempre, sino todas las veces, la afirmación será falsa. Coloquial pero falsa. Porque morirse de frío es, o debe ser, otra cosa.
No es posible publicar una antología de la literatura boliviana sin el cuento de Wálter Guevara. También, por si les interesa, gracias al dios Google, pueden encontrar el cuento en diversas páginas web.
Escrito en Periodismo, Política
Tu envidia alimenta mi progreso
(Ayacucho, 2009)
Escrito en Fotos





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